Enrique Andrés Ruiz, catálogo para “Río Azul”

…No cabe duda de que estas pinturas de fulgor añil tienen mucho de románticas (de paisajismo, por aquí y por allá, romántico, sublime) en sus insinuaciones de rocas escarpadas, de angosturas sobre las que cae la niebla al atardecer. Tienen, como siempre, mundo, alusión al mundo, emoción del mundo, sin significar con ello que resulten forzosamente evasiones de la propia condición. (porque) Ese mundo que se ha hecho más sutil, menos épico, más detenido, más contemplativo, y desde luego más “chino”.

 

Más chinamente – que es una manera muy occidental de ser- poético y pictórico, como bañado por las aguas que corren entre las estrechas gargantas del gran Río Azul.

 

Es tal la sutileza de estas pinturas que, en realidad en ellas no llegamos a ver nada; no es la visión, el ver, su condición última. Pasa como aquellas pinturas negras de Ad Reinhardt, imposibles de reproducir, que ponen a la mirada en el brete de su límite. O con las del propio Sima, que evocan aquella ingeniosa frase de Bachelard: “Azul es la oscuridad que deviene visible”…