La Piel de la Tierra

José Jiménez para el catálogo “Piel de la tierra”-2015

…Se podría así caracterizar este trabajo de Diego Moya como un proceso de restitución, o recuperación, de las huellas o imágenes que ese fondo latente, esa vegetación oscura de la que habla Bachelard , ha ido configurando en el curso del tiempo, en la memoria ancestral del cosmos.

 

Porque se trata de ir verdaderamente hacia atrás en el tiempo, y eso es lo que persigue el artista

con sus imprimaciones sobre las telas y el papel superpuestos a las rocas ancestrales de las playas y acantilados en Asilah. Ahí brotan, en la imagen, las marcas del mundo.

Lo que ahora vemos en las obras que Diego Moya presenta en esta exposición, La piel de la tierra, surge a través de un proceso de restitución, que hay que situar en el contexto de lo que en el arte contemporáneo se llama land art [arte de la tierra]. Un planteamiento que va más allá de la réplica imitativa de la naturaleza de la tradición clásica, o de la pintura de paisaje, para proponer la inscripción y el diálogo humanos con lo natural. Y que en Diego Moya supone inscripción y diálogo con el ámbito de donde procedemos, a través de una especie de “retorno geológico”, de un buceo en la memoria que el curso del tiempo depositó como huellas en el cuerpo material de la tierra.

 

Rocas ancestrales. Registros ígneos, configurados por la acción geológica, a lo largo del tiempo.

Millones de años de edad. Las marcas que aparecen en las superficies de esas rocas son, así, como las huellas o trazos, silenciosos e inconscientes, del proceso de formación de nuestro planeta. Forman una piel, de intensas resonancias pictóricas, superpuesta a la tierra, la naturaleza, en su vida silenciosa de millones de años.